Interés cultural de la obra “El Señor Galíndez”, de Eduardo Pavlovsky, puesta en escena y dirigida por Daniel Loisi (11/08/14)

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APROBADOProyecto de Declaración

Declárase de interés cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la obra teatral “El Señor Galíndez”, de Eduardo Pavlovsky, puesta en escena y dirigida por Daniel Loisi en el Teatro El Vitral.

Fundamentos
Sra. Presidenta:

A 41 años de su estreno en el año 1973, actualmente está transcurriendo la tercera temporada de la obra teatral “El Señor Galíndez”, de Eduardo Pavlovsky, en el Teatro El Vitral de nuestra Ciudad, puesta en escena y dirigida por Daniel Loisi.

La reseña de la actual puesta señala: “El Señor Galíndez es un misterio. Refleja la imagen del torturador inmerso en la normalidad de lo cotidiano. Su realidad consiste en mantener un engranaje, hombres que obedecen ciegamente sus órdenes, sin saber por qué ni para qué. Sólo una voz en el teléfono dará a conocer las misiones que encomienda a los hombres que le quedan. La obra trata sobre la tortura política y la dimensión psicológica del torturador.”

El elenco está compuesto por el propio Loisi, Gustavo Langelotti, Laura Manzaneda, Pablo Walluschek y Marilú Maygret. El asistente de dirección y ejecución de sonido es Germán Facundo Rearte, Manzaneda asiste en dirección y asesora en imagen y Maygret está a cargo de la fotografía.

La obra 

Beto y Pepe -dos hombres comunes y sencillos- realizan actividades cotidianas, mientras discuten sobre el presente y el futuro, y dialogan acerca de sus familias y el porvenir de su profesión, una actividad muy especial que los inquieta e, incluso, les provoca una gran inseguridad laboral: ambos son torturadores profesionales.

Tienen un espacio sencillo que ocupan para trabajar, llamar a sus familias, conversar trivialidades y dejar al descubierto sus miedos frente a los posibles relevos que decida el “alto mando” que controla el Señor Galíndez.

De este manera, la obra muestra el extraño y confuso mundo interior de hombres de distintas edades que han quebrado la ética fundamental en la vida, cuando actúan como piezas reemplazables de un sistema dictatorial que valida la más brutal violencia como un acto cotidiano. Y que, más aún, acepta e instala la tortura como una institución.

El autor 

Eduardo Pavlovsky, argentino y nacido en 1933, es psicoterapeuta, comenzó a trabajar con el psicodrama en la década del ’60, siendo el iniciador de este subgénero en América Latina y autor de numerosos libros sobre el tema, como “Psicoterapia de grupo de niños y adolescentes”.

A comienzos de los años ’70, “El señor Galíndez” se convirtió en un gran éxito. En 1974, durante una función de la obra en el Teatro Payró, la represión militar puso una bomba. Sin embargo, el dramaturgo  no renunció a lo que definía como su “militancia cultural” y estrenó en 1977 “Telarañas”, un alegato contra el fascismo instalado en la familia. La dictadura argentina prohibió la obra por considerarla “un atentado a la moral” y luego, cuando su casa y consultorio fueron allanados, el dramaturgo eludió el cerco huyendo por el tejado. Tuvo que salir del país y en 1978, con pasaporte vencido, vía Uruguay y Brasil, se instaló en Madrid. Sus obras más conocidas son “Telarañas”, “El señor Laforgue”, “El señor Galíndez”, “Potestad” y “Rojos globos”. Estos tres últimos títulos fueron llevados al cine.

Entre otras distinciones, Pavolovsky ha recibido el Premio del Teatro IFT (1967), el Premio del Festival de Teatro de las Américas (Montreal, 1987), el Premio de la Revista Time Out (Londres, 1987), el Premio Molière (Francia, 1989)), el Premio Prensario (1994) y los Premios Argentores y ACE (1995).

El director y los actores

  • Daniel Loisi: argentino, autor, actor, director de teatro, docente teatral, periodista y crítico de espectáculos. Sus últimos trabajos: El Señor Galíndez; Andamiajes (actor, director); Lote 5487 (idea, puesta en escena, director); El Gran Deschave, Doce Hombres en Pugna y Té de Tías.
  • Gustavo Langelotti: argentino, actor. Sus últimos trabajos: El Señor Galíndez, Lote 5487 y No hay que llorar.
  • Pablo Walluschek: argentino, actor. Sus últimos trabajos: El Señor Galíndez, Ser y Made in Lanús.
  • Laura Manzaneda: argentina, actriz, periodista, asesora de imagen. Sus últimos trabajos: El Señor Galíndez, Andamiajes y Lote 5487.
  • Marilú Maygret (María Luisa Manzaneda): argentina, actriz, directora, escritora y fotógrafa. Sus últimos trabajos: El Señor Galíndez, Diálogos de Federico (actriz, fotógrafa, prensa, directora general), Alma Mula (fotógrafa, asistente de dirección, productora ejecutiva) y Las Multitudes (actriz).

Nuevo Proyecto

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“Impactante y fuerte espectáculo con actores que se la juegan con escenas fuertísimas, violencia extrema, imposible aburrirse, una obra que hay que ver.” Rómulo Berruti, “Plumas, bikinis y tango”, Radio La 2×4 (92.7).

“El Señor Galíndez, dirigida y actuada por Daniel Loisi con un grupo actoral magnífico y una puesta en escena brillante, sorpresiva y muy magnética, la mejor de todas las versiones”. Luis Kramer, “Cinefilia”, Radio América.

“Un espectáculo fuerte y conmovedor, no puedo hablar, impactante, demoledor, para ver y pensar”. Jorge Dorio.

“Un auténtico clásico de Eduardo Pavlovsky y uno de los textos más fuertes de la dramaturgia argentina de las últimas décadas. El Señor Galíndez es, ni más ni menos, un torturador. Pero su vida es además el rito de lo cotidiano, de lo que les pasa a todas las personas todo el tiempo. Daniel Loisi -director de la puesta y actor- toma el drama y concibe una puesta en escena fuerte, de enorme actualidad, donde el contraste entre la persona y lo que hace nos lleva a cuestionar las raíces más profundas del mal y de la perversidad. El elenco de la obra se pliega a la intensidad que el propio texto propone y provoca un espectáculo que cuestiona e interpela a ese monstruo que todos podríamos llevar dentro”. Diario InfoBae.

“Impactante, jugada, excelentes actuaciones, climas desgarradores, gran puesta en escena…”. Gabriel Fresta, Radio Del Plata, Portal MSN,

“El Señor Galíndez”: Imágenes del horror: “El grupo de teatro liderado por Daniel Loisi (quien dirige y protagoniza) invita con la obra a un pesadillesco encuentro con la violencia, con ánimo de retener en la memoria hechos que nunca deben olvidarse. El teatro funciona, así, como documento y activador de la memoria.

Es difícil la tarea de encontrar un grupo de actores que ofrezcan no sólo su buena interpretación sino que además involucren su cuerpo en una obra de tanta exigencia física. Hay que hay que destacar en esta puesta los nombres de estos jóvenes que llevan a buen puerto esta difícil propuesta. Más allá de Loisi vemos a Gustavo Langelotti, Pablo Walluschek y Marilú Maygret destacando la labor de Laura Manzaneda que, quizás por la exigencia del papel que interpreta, merece un tratamiento especial”. Gabriel Fresta, Reporter.

“Valioso material documental – Espectáculos: “Daniel Loisi, en tanto director, logra un espectáculo muy equilibrado en el que la violencia, la tensión, el ritmo, van alimentando con acierto ese realismo exasperado que reclama el texto. Loisi diseña también unos personajes muy elocuentes. Con rasgos muy bien definidos, los intérpretes se dejan arrastrar de manera fluida por esas conductas que han modelado con mucha seguridad. El cruce de esos mundos es potente y, por lo tanto, el espectador se verá verdaderamente agobiado por algunas escenas que resultan buena síntesis del germen de la pieza.

“Para muchos, El Señor Galíndez puede resultar un material muy coyuntural, fuerte expresión de una época, cuya vigencia puede resultar cuestionable. Lo cierto es que, en esta puesta, ese texto adquiere una interesante dimensión documental y eso resulta valioso”. Carlos Pacheco, diario La Nación.

“Un espectáculo impactante con actores que le ponen el cuerpo a situaciones extremas. Después de verla todos necesitamos un tiempo para salir de esa realidad tan shockeante a la que te somete. Una aproximación a la faceta más humana de personajes monstruosos de nuestra historia. No se la pierdan”. Patricio Paludi, Radio Arinfo.

“El regreso de una pieza fundamental del teatro político: El espectador, desde el principio, se sumerge en un clima demasiado intenso. A medida que pasa el tiempo, el estado de incomodidad e incertidumbre aumenta junto con los niveles de violencia de cada escena. La obra El señor Galíndez, de Eduardo Pavlovsky, fue estrenada por primera vez en 1973 y a partir de ahí se convirtió en una de las piezas fundamentales del teatro político. Hoy, el director Daniel Loisi decide llevar hasta el límite el texto y mostrar de forma realista y cruda el relato del autor.

“El sonido violento de las cachetadas y las trompadas sobre la piel retumba en la sala. Mientras discuten y pelean, los personajes rompen con la cuarta pared y se meten entre las butacas: el espectador se vuelve parte de la escena y, de forma inevitable, se convierte en un testigo silencioso de lo que pasa en ese lugar.

“Esta versión de El señor Galíndez, ayudada por el diseño de las luces y por la música al estilo de las películas de Leonardo Favio, apela al impacto visual y emotivo. Los actores ponen el cuerpo a disposición del texto y se dejan gritar, insultar, golpear y arrastrar por el suelo”. Diario Tiempo Argentino.

“Anoche fui a ver ‘El Señor Galíndez’ de Eduardo Pavlovsky, gracias a la gentil invitación que me hicieron llegar. Lo hice, sabiendo que es una obra muy fuerte, que habla sobre los torturadores, sobre los grupos de tarea de las dictaduras militares que tanto sufrimos en nuestro país años atrás. La puesta de Daniel Loisi es impresionante, desgarradora, ya que muestra con la máxima verdad posible en un escenario teatral, la violencia, el sadismo, la locura de los torturadores y el pánico de las víctimas. Se mete a pleno, con absoluta verdad, en una de las peores facetas que podemos mostrar los seres humanos. Un aplauso para director y elenco, que realmente ‘ponen el cuerpo’ en esta obra”. Jorge Booth, “Tierra de Actores”, Radio AM 740.

“TATO” PAVLOVSKY EN LA CARTELERA PORTEÑA – Teatro para mantener viva la memoria: “Daniel Loisi realizó la puesta de El señor Galíndez: Pavlovsky hoy está más vigente que nunca, Loisi, quien está al frente de El señor Galíndez, otra de las obras más conocidas del teatro pavlovskiano, desliza: “Hoy, que los argentinos tenemos memoria, Tato está más presente que nunca. Moviliza y agiliza la memoria”.

El señor Galíndez es una obra que tiene sus años es de 1973, pero podría decirse que el tiempo la ha convertido en un clásico. Todavía tiene mucho que decir, más en una sociedad que ha puesto en el centro de la discusión política la cuestión de los derechos humanos, un tema omnipresente en los libros de Tato.

Por El señor Galíndez, pieza fundamental del teatro político, a Pavlovsky le pusieron una bomba, en 1974. Si los textos están atravesados por la historia, éste es un caso paradigmático. Con esta obra, los espectadores se encontrarán con un relato coral que Potestad, con más personajes, y más realista también. En realidad, hiperrealista. Loisi buscó, sobre todo, que el espectáculo emane violencia. “Esta puesta es diferente a todas las que se hicieron. Algunos colegas me dijeron que es la versión más impactante de todas”, arriesga el director. “Siempre camino en el borde del teatro y el estilo cinematográfico u operístico. Intento un teatro vivo, de sangre, sin mentiras y con mucha pasión”, asegura. El también está en escena. Encarna a Beto, uno de los torturadores de poca monta que recibe, junto a Pepe (Gustavo Langelotti) la visita de un joven torturador con formación intelectual.

Este joven llamado Eduardo (Pablo Walluschek) llegó para aprender la práctica de la mano de Pepe y Beto. Tal como está en el texto, quien da las órdenes, Galíndez, no aparece en escena: en primer plano hay un teléfono, que es el símbolo de esa presencia-ausencia. Hay, efectivamente, mucha violencia en la puesta: hay golpes, personajes que se arrastran y que gritan. “Trabajamos la violencia y el erotismo buscando una credibilidad lo más grande posible, sobre todo en la escena de tortura con las actrices que representan a las prostitutas (Laura Manzaneda y Marilú Maygret). Ahí queda reflejado lo enfermos que son estos tipos, que ni pueden gozar del sexo porque encuentran el verdadero goce en la tortura”, reflexiona Loisi. “Busqué una ruptura teatral que se da en varios momentos: por ejemplo, cuando mi personaje golpea con el cinturón al joven. Le dice: ‘¿Qué te crees? ¿Que estás en un teatro? Esto es de verdad’. Rompemos la cuarta pared y hacemos que el público deje de ser un espectador pasivo”, concluye”. Daniela Yaccar, diario Página/12.

HENDIDURA TEATRAL – El Señor Galíndez de Eduardo Pavlosky: “Los torturadores. ¿Se merecen algún tipo de contemplación?, ¿Se merecen ser escuchados?, ¿nos interesan sus vidas personales o su perfil humano? El Señor Galíndez es uno de ellos. Durante un largo tiempo nos contará acerca de su situación laboral, familiar, ideas políticas… Y también como torturaba cumpliendo órdenes de un anónimo, el cual no dejaba de preocuparle en cuanto a su paradero.

Las excelentes actuaciones, logran acortar no sólo el gran escenario sino también los tiempos, nos pone casi en primera persona y más aún en el final, en el cual se observa el profesionalismo e interés de los actores por aclarar y compartir las vivencias previas al estreno en cuanto a este tema.

Ambos torturadores que responden al poder sólo hacen eso, responder, no objetan nada y sí lo hacen enseguida vuelven a aceptar las nuevas directrices. Un teléfono es el que los separa del contacto físico, una llamada es la señal de que algo ha de suceder a partir de ese momento.

Con el correr de los minutos el público empieza a afectarse por lo que está sucediendo y tiene motivos, la violencia va en aumento tanto física como psíquica entre ellos y a terceros, ya sean simples aprendices o prostitutas. Lo cierto es que no se diferencia ni género ni rango. El más fuerte o el de mayor experiencia gobierna este momento.

La obra quiere sin dudas mostrarnos un lado humano de los torturadores. Ese lado mencionado quedará en cada uno de los espectadores examinarlo, analizarlo, comprenderlo o no. En lo particular prefiero, si se me permite, compartir el lado humano de los actores ya sea por tomarse unos minutos al final de la obra como así también representar una historia más que dolorosa en nuestra historia”. Sergio Di Crecchio

“EL SEÑOR GALINDEZ” de TATO PAVLOVSKY: “Gran obra, fuerte si las hay, la conozco como para saber ese detalle. La obra está dirigida por Daniel Loisi y también su puesta en escena. No hay mucho que contar de la temática y la trama, es una obra que pone en el escenario al torturador inmerso en la normalidad, o mejor dicho, en la cotidianeidad. Una voz en el teléfono da órdenes de espera o actuación en un trabajo que esos personajes toman como tal, como un “trabajo” normal y corriente.

Eso plantea la obra y sigue la puesta en escena de Daniel. Y las actuaciones del mismo Loisi y de Gustavo Langelotti como “Beto” y “Pepe” los dos “empleados del “Señor Galíndez”, mas Pablo Walluschek como “Eduardo”, el aprendiz que los dos primeros tienen que “entrenar” siguen esa misma cotidianeidad opresiva de la espera de un “trabajo”, y entre ellos se muestra la tensión y las contradicciones de la persona humana, que puede ser tanto un ser violento y perverso como un comprensivo personaje. Las apariciones de Laura Manzaneda y Marilú Maygret, como “La Negra” y “La Coca”, dos prostitutas (dos paquetes), que son llevadas solo para diversión de los dos hombres, para “aguantar” la espera, hace que se desaten las tensiones políticas, sexuales y personales de los tres hombres, logrando cerrar un círculo que se había abierto con la relación entre los tres en los momentos de soledad y espera. La puesta, la dirección, las actuaciones me gustaron toda. Me pareció un espectáculo digno de ver. Me quedo con mis sensaciones personales, una obra que me gustó por sí misma, y por la valentía y profesionalismo con que los actores y el director la encararon. El profesionalismo y el amor, la admiración al “Tato” que se sintió, y la libertad. Seguramente la puesta es distinta de la original, de hecho Daniel Loisi lo aclara en una conversación post obra, que según sus propias palabras, sirve para descargar las tensiones que la misma provoca en ellos y el público.

En resumen, una buena experiencia, una obra que se deja ver y que invita a repetir la experiencia. Rodrigo Arjona, Radio Buenos Aires Arte.

“EL SEÑOR GALÍNDEZ”, obra del genial Tato Pavlovsky que se representa en la cartelera porteña por 3ra. temporada consecutiva.

Tres actores y dos actrices nos muestran con total crudeza una página tristemente recordada de la historia argentina.

Pensamientos y acciones perversas que dos personajes ejercen descargando con furia los odios y resentimientos que, en una época fue actualidad reprimida y hoy es historia que puede ser contada libremente como en esta lograda puesta donde sus protagonistas juegan al extremo cada escena con una admirable entrega y compromiso. “EL SEÑOR GALÍNDEZ” nos invita a reflexionar un pasado no tan lejano que ojalá nunca se repita.

Excelente labor actoral donde se pone de manifiesto claramente los acuerdos entre quienes actúan para llevar el conflicto al límite y mantener al espectador sorprendido no sólo por el drama planteado y su alta carga de violencia, sino también porque hay momentos donde el humor negro y la ironía despiertan alguna que otra carcajada en la sala. Silvio Adrián, “Tangolpeando”.

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EL SEÑOR GALÍNDEZ de Eduardo Pavlovsky. Dirección General: Daniel Loisi. Con Daniel Loisi, Gustavo Langelotti, Pablo Wallusckek, Laura Manzaneda y Daniela Cerliani. Los viernes a las 22 hs en el Teatro IFT, Boulogne Sur Mer 549. 4 (cuatro) zapatos. MUY BUENA.

El Señor Galíndez, obra emblemática del teatro argentino de los años 70, fue estrenada antes de que asuma en el país la peor dictadura represiva de la historia argentina. Sin embargo, las desnaturalizadas costumbres de los torturadores ya estaban plenamente vigentes en los gobiernos militares anteriores, y eran aplicadas de manera sistemática. Y Eduardo Pavlovsky ya había podido desglosar y retratar de manera singular y a la vez pavorosa un submundo que luego sería una realidad cotidiana a partir del golpe de estado de 1976. El talento dramático y expresivo del actor, psicólogo y dramaturgo, en este caso también redundó como una inquietante anticipación de un futuro cercano y desquiciado. Como si los propios verdugos se hubieran “inspirado” en su obra.

Por todas estas razones, volver a embarcarse en una puesta de esta pieza memorable, por más perturbador que resulte, se puede considerar oportuno. No sólo para conmover y sorprender a las nuevas generaciones y oficiar de testimonio evocativo de otras, sino también para desasnar a unos cuantos incautos que fueron contemporáneos del espanto casi sin darse por enterados.

La puesta de Loisi es extrema, demoledora y lacerante. Sin concesiones, ni con respecto al público ni con respecto a su propio elenco, que está permanentemente jugado y al borde de recibir algún golpe o situación que ponga en riesgo su seguridad física. El Señor Galíndez pone en escena a dos hombres agresivos y denigrantes y un joven aparentemente timorato compartiendo un mismo espacio. Los tres personajes, en mayor o menor medida, aguardan perversas órdenes del hombre que le da título al espectáculo, encargos que de a poco pondrán en evidencia su carácter flagelante. Dos chicas formarán pronto parte de una semblanza que todo momento destila violencia y degradación, al punto de angustiar y comprometer sin pausas al espectador.

El sonido de las agresiones físicas se escucha como auténtico, el realismo que se pone en escena parece exacerbado, pero nada se siente como innecesario o caprichoso. Los intérpretes, Gustavo Langelotti, Pablo Walluschek, el propio Daniel Loisi, desarrollan por su verosimilitud y convicción, y el aporte de Laura Manzaneda, con su carisma y belleza, ofrece un contrapunto apropiado, que se integra, junto a la otra actriz Daniela Cerliani, a un cuadro que denigra la condición humana. En suma, una gran revisión de un clásico contemporáneo de Pavlovsky, una experiencia tan difícil como insoslayable de apreciar. Crítica por Amadeo Lucas, revista Veintitrés.

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