Macri y Cristina siguen especulando: Si Metrovías no se va, el conflicto vuelve

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Alternativa Socialista Nº 576 15/08/12

El subte vivió el conflicto más largo de su historia: 10 días. La Ciudad fue un caos total. El acuerdo firmado por los Metrodelegados es precario: «migajas», dijo Beto Pianelli. Los responsables políticos son los dos gobiernos que, teniendo las herramientas, en vez de rescindirle la concesión a Metrovías… la mantienen.

No hace falta que recordemos el malhumor vivido todos estos días, porque muchos lo hemos padecido en carne propia.
Desde ya, es un alivio que nuevamente se pueda viajar. Pero no podemos engañarnos: es evidente que ambos gobiernos continuarán especulando como hasta ahora, apostando al desgaste político del otro, mientras la concesionaria privada aprovechará que ni Macri ni Cristina se hacen cargo para seguir chantajeando por más subsidios, en desmedro de los usuarios y los trabajadores.
Comprender a fondo lo que ocurre es importante para acertar en cuál es la verdadera salida para que de una vez por todas tengamos un subte eficiente y seguro.

Con Macri y Cristina, sigue el limbo

Tanto el gobierno nacional como el de la Ciudad podrían resolver la cuestión en cinco minutos. Y ambos cuentan con las herramientas juridicas y económicas necesaria, si tuvieran la voluntad política de hacerlo. Pero no: tal como lo hacen en otros temas, por mezquindad política y porque quieren hacerle pagar la crisis económica al pueblo mantienen al subte en el limbo.
Aunque el Congreso aprobó el traspaso, la Legislatura porteña aún no lo refrendó. O sea, bien se puede considerar que el contrato de concesión todavía sigue en manos de la Rosada. Además, la Nación tiene la CNRT, organismo de control regulador del transporte público, y el Ministerio de Trabajo.
¿Por qué Cristina dejó correr el conflicto sin resolver nada y encima empujando a los Metrodele-gados a un túnel de difícil salida? Porque así como antes redujo los subsidios para «ahorrar gastos», quiere jorobar a Macri sin importarle las consecuencias que alteran la vida de usuarios y trabajadores. Y también porque le cuida los negocios a Metrovías, a la que premió dándole el manejo de los ferrocarriles Sarmiento y Mitre… donde ya hubo dos nuevos accidentes la semana pasada.
Macri también podría hacerse cargo del subte ya mismo. En enero firmó el acta-acuerdo, aceptando el servicio. Y está vigente la ley nacional de traspaso. O sea, también se puede interpretar que el gobierno de la Ciudad tiene plenas facultades para rescindir el contrato. Además tiene el Ente Regulador de la Ciudad, con potestad para multar a Metrovías; la Subsecretaría de Trabajo para mediar en el conflicto laboral, y, nada menos, tiene la empresa pública porteña SBASE que es la verdadera propietaria del subte.
¿Por qué Macri tampoco actuó? Porque como no quiere invertir un peso, tiene miedo a un accidente en su carrera presidencial. Porque así como antes aumentó el boleto a 2.50, quiere jorobar a Cristina sin hacerse cargo de los problemas del subte ni de la gente. Y porque también defiende el nefasto modelo menemista de servicios públicos privatizados. Mientras dice que «no tienen personería», a los únicos que multó es a los trabajadores del subte.
Además, junto a Scioli, los dos gobiernos son parte del nuevo y cacareado Ente Tripartito de Transporte, que más que ente parece un fantasma. No es que les falte plata, no. Son dos irresponsables políticos, cuya pelea electoralista favorece al tercero cómodo: Metrovías-Grupo Roggio.

Echar a patadas a Metrovías

Está probado que esta empresa privada, como todas, sólo busca su ganancia: le importan un bledo dar un buen servicio al pasajero ni cumplir con su personal.
Lo que corresponde, entonces, es ir en el sentido de nuestro proyecto de ley de reestatización con control social. El subte es un servicio público y esencial, insustituible para la vida económica y social de los habitantes de la Ciudad y del conurbano bonaerense.
En grandes capitales como Madrid y París el subte es manejado por el Estado, con participación comunal e incluso, en el caso de la capital francesa, con representantes de los trabajadores y de los usuarios en el directorio.
¿Por qué no gestionarlo también aquí a través de una empresa estatal que ya existe, SBASE, bajo el control de sus pasajeros y trabajadores, que son los más interesados en que se hagan las inversiones necesarias y funcione bien?
Te invitamos a unir fuerzas para pelear juntos por esta solución, la única realista. Porque si la inflamación -o sea Metrovías- no se va, el dolor vuelve.

 

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