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El 11 de diciembre pasado, en un congreso nacional fraccionado en dos bloques, se concretó la última división -de una larga lista- del Nuevo Partido Anticapitalista francés. Luego de una enfermedad terminal que comenzó a los pocos años de su fundación, con esta última división termina de morir lo poco que quedaba del proyecto original, que en su momento fue una experiencia seguida con interés y expectativas por la izquierda mundial. Se abre una nueva etapa para los revolucionarios, llena de desafíos y oportunidades.

La iniciativa de construir el NPA y su conducción estuvieron primero en manos de la Liga Comunista Revolucionaria y, luego de su disolución, en las de los cuadros provenientes de dicha corriente, afiliados al Secretariado Unificado – IV Internacional, comúnmente identificada como mandelista por seguir los lineamientos de su fundador, Ernest Mandel, ya fallecido.

Si bien como en toda crisis existen múltiples causas que se concatenan, esto no exonera de la responsabilidad central del desbarranque a la dirección de la ex LCR, mayoritaria en el NPA, y a la orientación que impuso desde un inicio. Se impone entonces sacar algunas conclusiones y al servicio de ello va este intento de aproximación a un balance.

La LCR

Esta organización se fundó formalmente al calor de las jornadas revolucionarias de Mayo del ’68 y fue durante décadas una de las corrientes identificadas con el trotskismo de más peso en la realidad francesa y la usina ideológica de su organización internacional, el SU.

Desde antes de la muerte de su fundador en 1995 y los debates sobre el futuro de la revolución que se abrieron en la izquierda mundial con la desaparición de la Union Soviética se comenzó a incubar una crisis y fraccionamiento en su dirección, que en cierta medida se intentó contener años después con la fundación del NPA, aunque sólo se logró postergarla por poco tiempo.

Aprovechando el crecimiento de su joven y carismática figura, el cartero Olivier Bensancenot, que en las elecciones presidenciales de 2002 y 2007 cosechó 1.200.000 y 1.500.000 votos respectivamente, la LCR lanzó en 2008 el llamado a construir un nuevo partido amplio y abierto tanto a individuos como a organizaciones anticapitalistas. El llamado tuvo una repercusión enorme. Después de unos pocos meses de preparación, el 8 de febrero de 2009 nacía el NPA, en un congreso fundacional que contabilizó más de 9.000 miembros y una extensión que cubría prácticamente toda Francia.

La alegría duraría poco

Como todos los partidos amplios de izquierda que surgieron sobre el final del siglo XX y principios del XXI[1] y que en parte inspiraron a los dirigentes de la LCR, además de sus limitaciones programáticas, su éxito, desarrollo o fracaso siempre estuvo ligado a su desempeño electoral.

A los pocos meses de su fundación, en las elecciones europeas de 2009, la lista del NPA logró un importante 4,68% de los votos. Pero las expectativas que se habían creado en la mayoría de su militancia, sobre todo en los sectores independientes y en gran parte de las “personalidades” que se habían sumado se vieron frustradas porque no se logró elegir diputados. Al mismo tiempo, se había dado la ruptura por izquierda de Jean-Luc Mélenchon con el Partido Socialista, quien rápidamente se trasformó en un competidor dinámico por el mismo espacio electoral.

Un año después, Besancenot anunció que no sería candidato en la elección presidencial de 2012, terminando de desmoronar las ilusiones electorales que aún quedaban en los sectores más “amplios” del nuevo partido. Se abrió una crisis de tal magnitud, que en 2011 desencadenaría la ruptura de una parte significativa de los dirigentes, cuadros y militantes que provenían de la LCR y la diáspora en pocos meses de cerca de 6.000 militantes. La crisis latente de la vieja dirección mandelista terminaba así de estallar, llevándose puesto al nuevo partido. Los dirigentes rupturistas por derecha se sumaron con armas y bagajes al proyecto de colaboración de clases de Mélenchon.

Así, lo que había comenzado con grandes ilusiones, terminaba dos años después en un fracaso evidente.

Oportunidad perdida

Ademas de la responsabilidad del ala derecha de la ex LCR en la crisis de 2011, la responsabilidad del resto de la dirección mandelista del NPA fue innegable.

  1. En primer lugar nunca combatieron seriamente a sus viejos camaradas, a quienes les entregaron una cifra millonaria de las finanzas partidarias cuando rompieron y con los que todavía, años después, comparten el mismo proyecto internacional. De haberlos enfrentado de manera consecuente, el daño hubiera sido cualitativamente menor. No lo hicieron porque nunca consideraron como estratégicas las diferencias que los separaban.
  2. Subestimaron a Mélenchon y no tuvieron una política para desenmascarar su proyecto reformista, con el que años después están intentando confluir.
  3. Justificaron, en vez de rechazar, la decisión de Besancenot de renunciar a ser candidato a presidente en 2012, lo que terminó de hundir al NPA y le allanó el camino a Mélenchon para transformarse en la principal referencia de la “nueva izquierda”. Este error garrafal a su vez evidenció el carácter laxo de las jóvenes generaciones que estaban tomando las riendas de la organización.

A pesar de este golpe demoledor, no todo estaba perdido. Los cerca de 3.000 militantes que para el 2012 aún adherían al NPA y habían resistido la presión reformista eran una acumulación muy importante que podía permitir, en un proceso, comenzar a revertir la crisis. Pero para ello era necesario aceptar el fracaso del proyecto original y darse una política y orientación destinadas a construir un fuerte partido revolucionario de vanguardia, en donde pudieran convivir democráticamente las distintas corrientes que se habían ido constituyendo a su interior. Esto implicaba desplegar una orientación pegada a las luchas obreras -siempre presentes- y combatir al reformismo desde un posicionamiento de clase y revolucionario. Algo que la dirección mayoritaria no estaba dispuesta a hacer. En consecuencia, la sangría de militantes continuó y la crisis se hizo crónica. El fraccionamiento entre una mayoría centrista cristalizada y el resto de las corrientes internas que se ubicaron políticamente a su izquierda, algunas sectarias, se haría cada vez más pronunciado.

Una estrategia revisionista

La dirección de la ex LCR hacía muchos años que había abandonado la estrategia de construir partido revolucionario, reemplazándola por la construcción de un partido amplio, con centro en lo electoral y un programa ambiguo de reformas radicales donde convivieran reformistas y revolucionarios. Esta es la razón que los llevó a disolver la Liga y apostar todas sus energías a la construcción del NPA. Cuando ese proyecto colapsó y los pocos sectores reformistas que se habían sumado se evaporaron, se quedó sin estrategia.

Mientras la mayoría entraba más y más en crisis, provocando la parálisis de la organización, las pequeñas corrientes que habían entrado al NPA con el objetivo de fortalecerse se dedicaron a construirse. Lamentablemente, por diferencia de proyectos, estos grupos no pudieron acordar una estrategia en común para disputar y ganar la dirección.

La corriente a la que pertenezco nunca tuvo una actitud sectaria hacia los agrupamientos anticapitalistas amplios que surgieron en diversos países y se transformaron en su momento en referencias de franjas de masas. De hecho, apoyamos con entusiasmo la fundación del NPA, seguimos con interés las experiencias de Syriza y Podemos en sus primeros años y fuimos cofundadores del PSOL. Pero nunca nos confundimos. Todas estas formaciones para nosotros han tenido una importancia táctica y más temprano que tarde estaban condenadas a retroceder. La estrategia para nosotros sigue siendo la construcción de partidos revolucionarios y por eso la participación en estas experiencias las hemos evaluado en función de si ayudaba o no a ese objetivo.

La LCR y su corriente internacional en su momento, impactados negativamente por los cambios que se produjeron en el mundo en los 90, cayeron en un profundo escepticismo que los llevó a elaborar un equivocado trípode teórico –nueva época, nuevo programa, nuevo partido– que está detrás de todos los errores políticos y de orientación que cometerían en los años subsiguientes, no solo en Francia con el NPA sino a nivel internacional en cada país donde su corriente intervino.

En un artículo que escribí en 2018 sobre el balance del Congreso Mundial del Secretariado Unificado de la IV,  y que invito a leer[2], me detuve a explicar lo nefasta que ha sido para dicha corriente la orientación que se desprendió de esa fórmula: cómo la época de la revolución socialista se había cerrado, el programa de transición ya no tenía sentido y tampoco la construcción de partidos leninistas.

Fracasado el partido amplio que intentaron construir y opuestos a reorientarse hacia la construcción de un partido revolucionario, iniciaron el camino para sumar los restos del NPA a la centroizquierda de la LFI de Mélenchon. Como chocaron con una feroz resistencia del resto de las corrientes internas, era cuestión de tiempo que se decidieran a romper con todas ellas para lograr este nuevo objetivo. Esto y no otra cosa es lo que acaba de suceder en el reciente congreso de diciembre.

Se impone un reagrupamiento revolucionario

En el congreso estuvieron representados alrededor de 1.500 militantes. La plataforma oficialista logró un 48,3% de los votos, la plataforma de izquierda, que nosotros acompañamos, un 45,6%, y una tercera lista centrista el 6%. El último día, el oficialismo no concurrió. Tras el congreso, el oficialismo[3] y el ala izquierda[4] elaboraron sendos comunicados que en su momento publicamos en nuestra web.

La dínamica que ha tomado el sector mandelista puede apreciarse en las recientes declaraciones de Philippe Poutou, su principal vocero: “No reivindico más el trotskismo. Es marxismo, pero de una época muy particular que corresponde a la lucha antistalinista. Hoy ya no estamos más en eso en absoluto…” (Libération, 7/1/23)

Por su parte, los camaradas de la plataforma de izquierda, que han decidido seguir unificados, han elegido una dirección común y vienen participando fuertemente en las luchas que se estan desarrollando, acaban de sacar el siguiente documento público:

“El último congreso del NPA, en diciembre de 2022, fue la ocasión para que la mayoría de la dirección saliente organizara la división del partido, sin haberla sometido a votación de todos los congresales porque estaba claro que esa votación les sería desfavorable. Así que ahora hay dos NPA en el panorama político, de tamaño similar. Lamentamos esta fragmentación y debilitamiento de las fuerzas revolucionarias contra los que seguimos luchando sin haber podido evitarlo.

“La escisión del NPA queda así marcada por la división política entre, por una parte, la orientación hacia alianzas con la NUPES en el terreno electoral, con Philippe Poutou y Olivier Besancenot; por otra, la orientación hacia un Polo de las y los revolucionarios, con militantes presentes en las luchas del mundo del trabajo, y un NPA-Juventud que agrupa a varios centenares de miembros.

“En una reciente entrevista a Libération, Philippe Poutou lanzó la fórmula ‘nuestra obsesión no es el NPA’, confirmando la opción que había hecho pública la primera noche del congreso en la emisión de BFM-TV, de ‘trabajar con la FI’, dándose como objetivo listas conjuntas para las elecciones. Por nuestra parte, las y los militantes del NPA que nos opusimos a esta orientación hacia la NUPES y nos agrupamos en torno a la plataforma ‘Actualidad y urgencia de la revolución’, mantenemos, por el contrario, la obsesión de un NPA que mantenga el rumbo de la extrema izquierda, un NPA militante capaz de llevar a cabo una política de unidad de acción, incluso con otras organizaciones, sin abandonar la construcción de un partido obrero comunista que no dejará de surgir a través del reagrupamiento de las y los revolucionarios en favor de las grandes luchas sociales que nos esperan”.

La principal y más numerosa corriente de este NPA de izquierda es L’Étincelle, con presencia en gremios del transporte, automóvil, educación, salud y es la conducción de la Juventud del NPA. Con esta corriente coincidimos en la postura sobre Ucrania y en el planteo que realizan sobre la necesidad de un reagrupamiento de los revolucionarios a escala nacional e internacional.  La otra es Anticapitalismo y Revolución (AetR), más bien volcada a la actividad sindical. Una tercera corriente más pequeña es Democracia Revolucionaria (DR) y también hay militantes no alineados.

Responder a las luchas de los trabajadores y reagrupar a la izquierda revolucionaria son las tareas más importantes que tienen por delante los revolucionarios franceses. A este proceso que han iniciado los compañeros y compañeras de la Plataforma de Izquierda del NPA deberían sumarse sin sectarismo ni autoproclamación los camaradas de la CCR, que rompió con el NPA en junio de 2021 tras lanzar un candidato presidencial propio, lo que dio pretexto a la mayoría mandelista para iniciar su giro burocrático de expulsiones y así debilitar al ala izquierda para que no lograra una mayoría clara en el partido.

Si este proceso avanza, están dadas todas las condiciones para poner en pie un gran partido revolucionario en Francia. La situación objetiva está madura para el surgimiento de una verdadera y poderosa alternativa de extrema izquierda. Esta es una nueva oportunidad que es necesario no desaprovechar. Desde la LIS estamos comprometidos con esta perspectiva.


[1] En 1999 surgió el Bloque de izquierda en Portugal, en 2004 se fundó el PSOL en Brasil y Syriza en Grecia, y en 2007 se constituyó Die Linke en Alemania. Unos años después, en 2014 surgiría Podemos en España. Antes de éstos se había dado el nacimiento de Refundación Comunista en Italia y de la Alianza Roja y Verde en Dinamarca.

[2] https://lis-isl.org/2018/03/10/nuestra-opinion-sobre-el-congreso-mundial-de-la-cuarta-internacional-su/

[3] https://lis-isl.org/2022/12/11/npa-declaracion-del-sector-que-se-retiro-del-congreso/

[4] https://lis-isl.org/2022/12/11/francia-declaracion-del-congreso-del-npa/https://lis-isl.org/2022/12/11/francia-declaracion-del-congreso-del-npa/


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