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tsiparsGrecia vive tiempos históricos: Syriza, una coalición radical de izquierda y anti-ajuste que hace pocos años sacó el 4% de los votos, hace diez días ganó las elecciones desplazando al viejo bipartidismo y llegó al gobierno, con Alexis Tsipras como primer ministro. Fue conmovedor para mí, poder estar en las calles de Atenas junto a miles de trabajadores y jóvenes que las colmaron de energía y optimismo la noche del 25 de enero. Esa inmensa victoria, que tuve la alegría de acompañar junto a la conducción y la militancia de Syriza, sacude a toda Europa y tiene repercusiones a nivel global.
El contagio más próximo que se viene es el posible triunfo de otra nueva izquierda, Podemos, en las elecciones de mayo en España. Impresionante fue ver, el sábado pasado, la gigantesca movilización en Madrid a la Puerta del Sol; más de 300.000 confirmaron esa ola de cambios que crece. Y es una dinámica crucial, porque Grecia necesita no quedar sola ni aislada. Hace falta la movilización del pueblo griego fronteras adentro y el empuje de otros pueblos y nuevos cambios políticos hacia fuera. A eso apostamos.
Ahora el gobierno de Syriza ya comenzó a caminar y a tomar decisiones concretas. Como primeras medidas anunció que duplica el salario mínimo, frena la privatización eléctrica, da luz gratis a 300 mil hogares, abre el acceso universal a la salud pública y reinstala en sus puestos de trabajo a miles de trabajadores contratados que fueron despedidos. Mientras a la vez replantea la negociación de esa verdadera tragedia griega llamada deuda externa, una batalla que recién comienza y veremos cómo se desarrolla. Esperamos que Syriza pueda sostener su planteo de priorizar la deuda interna.
Mientras tanto, es evidente el malestar del poder político y económico con Syriza ¿Cómo no va a tener la cara por el suelo Ángela Merkel? Es que todo el establishment capitalista y en especial la troika formada por la Unión Europea, Banco Central Europeo y FMI, autores de los brutales planes de austeridad que golpean al viejo continente, temen que el “efecto Syriza” se expanda, más aún con la simpatía popular que generan sus primeras medidas.
Más allá de las contradicciones, presiones y desafíos que enfrenta Syriza, que por faltarle dos diputados tuvo que aceptar el apoyo de otro pequeño partido nacionalista ante la irracional negativa del Partido Comunista griego de darle apoyo, el hecho contundente es que en Grecia una nueva izquierda ganó el apoyo popular y en pocos años logró ser gobierno. Y si a los de arriba les molesta, a los de abajo, a los que en el mundo entero luchamos por una perspectiva de cambios antiimperialistas y anticapitalistas, el triunfo de Syriza nos fortalece y estamos dispuestos a defender a ese gobierno y al pueblo griego ante todo ataque de los bancos y el capital.
Lamentablemente, en nuestro país hay una izquierda que no se alegra con estos cambios, y se amarga envuelta en sus viejas concepciones. Aunque Syriza recién asumió, ya Jorge Altamira y el FIT la acusan en el diario Clarín de “defender la construcción capitalista”, ser “una vertiente del orden existente” y “exhibir una limitación insuperable”. Además de pedante, lo que dice es sobre todo irreal y funcional a la troika. Con ese mismo sectarismo Altamira y el FIT rechazaron nuestra propuesta de unir a toda la izquierda política y social en una misma interna para enfrentar con más fuerza a toda la vieja política.
El dogmatismo y la autoproclamación podrán servir para ser testimoniales, pero son fatales si se quiere construir una alternativa para gobernar. En medio de la crisis capitalista que golpea a nuestro país, con millones mirando con simpatía hacia la izquierda, con el gobierno K en debacle y la oposición por derecha sin nada bueno que ofrecer, mantener la división de la izquierda es de hecho un crimen político.
Nuestro proyecto es el de una Nueva Izquierda moderna, amplia y plural, donde podamos convivir distintas vertientes sin ocultar las diferencias pero anteponiendo los acuerdos, único modo de construir una fuerza política capaz de avanzar en corto plazo a ser opción de gobierno. Creemos que ése es el desafío que plantea la realidad nacional y que el ejemplo de Syriza nos alienta a redoblar. Por eso lanzamos una campaña nacional con miles de afiches, folletos, charlas y visitas a cada provincia para fomentar el ejemplo de Syriza. Invito a toda la militancia popular y de izquierda a respaldar a Syriza y a seguir con atención su desarrollo. Y a que, tomando lo mejor de su experiencia, hagamos fuerte en la Argentina una nueva izquierda amplia, unitaria y moderna que se postule para gobernar.

Alejandro Bodart, diputado y candidato a presidente (MST-Nueva Izquierda)


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Categorías: Escritos